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BREVES NOTAS SOBRE LA CREACIÓN DE
LA CÁMARA DE COMERCIO DE COSTA RICA
Algunas disposiciones planteadas por aquellos destacados pioneros de hace ochenta años, actualmente con vigencia plena. El principal gestor de esta iniciativa fue don John M. Keith, quién resultó electo como primer Presidente de la Cámara.
Finalizaba el año 1914, plena Primera Guerra Mundial. Un movimiento se daba en el país, para organizar la creación de la Cámara de Comercio de Costa Rica. El jueves 25 de marzo de 1915, a la una de la tarde, se suscribió el acta Constitutiva que daba vida a la nueva organización, testimonio comunitario que se formalizó ante el Notario Lic. Raúl Gurdián Rojas, según escritura No. 30 del Protocolo suyo de ese año de 1915.
El principal gestor de esta iniciativa, fue don John M. Keith, quien resultó electo como Primer Presidente de la Cámara. Don John era casado con doña Rosa Alvarado González. Originalmente don John trabajó para la United Fruti Company, nombrado por su tio don Minor C. Keith, pero a partir del año 1902, se dedicó a sus propios negocios: fue agene de la Hamburg-American Line, representante del American Bank Note Company y fundador de su propio banco el John M. Keith & Son. Ltd. Fue Presidente de la Junta de Caridad desde 1909, hoy la Junta de Protección Social, cargo que ocupó hasta su muerte en 1927.
Muy destacados ciudadanos fueron los socios fundadores de la Cámara de Comercio de Costa Rica, a saber los señores: John M. Keith, Jerónimo Páges, Manuel Collado, Félix Weiss, José Andújar, William N. Brandt, Guilermo Steinworth, Luis Robert, Mariano Alvarez Melgar, Wilhelm Steinwoth, Jaime G. Bennett, Peter Brown Jones, Teodoro Assmann, Rafael Cañas Mora, Samuel E. Piza, Walter Siebe, Miguel Macaya, Alberto Aragón Andrés Fortich, José María Castillo, Henry Frick, Anastasio Herrero Victoria, Benjamín E. Piza, Paul Buron, Alexander T. Harrisson, Pablo Mercader, H! T. Purdy, Walter J. Field, Cleto González Víquez, Oscar Sittinfeld, Roberto Jiménez Sáenz, Eladio Prado, José Figueredo, Felipe Herrero García, Manuel Antonio Quirós, Francico Jménez Núñez, Fernando Goicoechea, Eugenio Lamicq, Jacobo A. Robles, Alberto Ortuño, Erick Knohr y Cipriano Herrera Peral. En total cuarenta y dos distinguidos empresarios.
Me resulta muy interesante destacar algunas pocas disposiciones que aquellos visionarios pioneros, plasmaron entre los artículos que formaban el acta constitutiva de la Cámara:
En el artículo 1º. Se establecía que la Cámara se creaba a efectos de procurar el desarrollo del comercio y de la industria en todas sus manifestaciones, así como el engrandecimiento de estas dos actividades. Veamos así, como lo que prevaleció en el espíritu y se plasmó en la letra, fue la constitución de la Cámara de Comercio y de Industrias.
El artículo 3º. Del Acta, consignaba el propósito de que la Cámara sirviera de Tribunal de Arbitraje. Vaya visión la que tuvieron nuestros antecesores.
En el artículo 5o. se establecía la suma de ¢50 como una cuota de ingreso y de ¢10 como cuota mensual. Tiempos dorados en que nuestra moneda tenía un gran valor.
En el Artículo 16 indicaba que los diversos gremios tenían derecho a elegir miembros representantes en la Junta Directiva. Hermoso principio de representación y de democracia.
Coto solamente el texto de un artículo más: ´´LA Cámara no se podrá ocupar directa ni indirectamente de cuestiones políticas ni religiosas¨¨. Precepto que le ha dado la grandeza y el prestigio que tiene y que ha sido celosamente cumplido durante estos 80 años de existencia. Para finalizar estas breves notas, transcribo textualmente a continuación, parte del editorial aparecido en el Semanario El Comercio, edición del domingo 11 de abril de 1915, con motivo de nacimiento de la Cámara: ´´Una Cámara de Comercio es hasta una luz para los mismo gobernantes: Ella puede exportar hasta los mandatarios sus opiniones por vía de iniciativa, dando a conocer qué medios traerá el creciente desarrollo de las industrias; sobre qué asuntos se debe trabajar sin descanso para aumentar la riqueza pública; cuáles son las mejoras que deben de emprenderse para establecer intercambios comerciales entre una y otra población: como puede ser la apertura de caminos; la construcción de líneas férreas; la fundación de colonias agrícolas, etc, etc.
El incremento que el Comercio de Costa Rica, puede tomar si nuestra Cámara de Comercio trabaja con empeño, traerá una fuente de riqueza para el Tesoro Nacional. Imaginar que en esta vida no se necesitan transformaciones que traigan a las sociedades nuevas orientaciones o dejar que éstas se operen por obra y gracias del Espíritu Santo es una de las más peregrinas ideas. Hay multitud de gentes que piensan que una buena cosecha de frijoles, con tres o cuatro edificios lujosos, con un Alcalde y con dos o tres maestros, se puede esperar la corriente del progreso como traslación de rayos solares a través del espacio de que nos hablan los astrónomos. Esperarlo todo el tiempo es una loca pretensión, que el tiempo no es el mensajero de prosperidades, sino conductor por el que se puede alcanzar la cumbre con relativamente pequeños esfuerzos. La Cámara de Comercio, si se dedica al mejoramiento de muchas empresas de interés público ayudará a resolver problemas de intrincada resolución para la vida económica de la Patria y será como un faro luminoso para los que tienen en sus manos el timón de la República.
El 25 de marzo de 1915 a la 1p.m., se constituye en San José, la Cámara de Comercio de Costa Rica. Desde entonces cumpliendo lo que dice textualmente el artículo 1 de su constitución:
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